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Actos de supervivencia de la lectura entre los niños

Actos de supervivencia de la lectura entre los nios

 30 de Agosto de 2017

Los bibliófilos adultos tienen clara una cosa: los más grandes aliados para extender la presencia de los libros son los niños.

En la tupida selva de la cultura y el entretenimiento, el libro figura entre las víctimas preferidas de la opinión pública. Son muchos los críticos que le encajan el diente del pesimismo.

Entre las voces que advierten su extinción, hay otras que avistan razones de optimismo. El escritor Francisco Hinojosa cree que las estadísticas —aquellas que anuncian que los mexicanos no leen más de un promedio de cinco libros por año-— pintan un panorama mentiroso, porque dejan de lado uno de los grupos de lectores más empedernidos: el infantil.

Vale decir que, aunque pareciera que siempre anda a contracorriente, el libro tiene con qué defenderse. Su tradición está tan arraigada en nuestra historia que son muchos los entusiastas que lo auxilian en su lucha por la supervivencia, sobre todo entre los hábitos de los niños.

El libro halla aliados tanto en chicos como en grandes. Defensores que le encuentran los méritos como para emprender campañas para su promoción. Y en todos hay cierto grado de curiosidad.

Los chicos no tienen más remedio que compensar sus limitaciones con creatividad. En Nueva York, por ejemplo, Alex Fuller y Ryan Griffin crearon una innovadora simbiosis entre dos tradiciones: el oficio de la peluquería y el acto de contar cuentos.

Los encargados de The Fuller Cut, el lugar en cuestión, aplican un descuento de dos dólares a aquellos niños que les lean historias mientras usan la máquina y las tijeras. El proyecto inició buscando activar el hábito de la lectura en una zona marginal como el Harlem y a la fecha ya acumula más de mil libros en su biblioteca.

Del otro lado del mundo, en Bélgica, alguien relacionó la tradicional tecnología del libro con las nuevas tecnologías. Aveline Gregoire, una entusiasta maestra de primaria, aprovechó la fiebre de Pokemon Go para crear en Facebook el proyecto llamado Cazadores de libros,

La iniciativa, que en 2016 sumaba a miles de usuarios, insta a los niños a cazar libros. La dinámica es simple: los jugadores publican pistas y fotografías de las áreas públicas en Bélgica donde ocultan los ejemplares y el resto se dedica a buscarlos.

Los grandes, los que no son personas físicas sino morales, también han abonado al esfuerzo. Sobresale el curioso ejemplo de Mcdonald’s, que se convirtió, quizá sin quererlo, en la distribuidora de libros más grande del Reino Unido al regalar más de 9 millones de libros infantiles con su tradicional Cajita Feliz.

La iniciativa tuvo tanto éxito que ha sido replicada en otros países como México, donde la empresa obsequió más de un millón de ejemplares.

Conscientes de que toda especie depende de sus nuevas generaciones, promotores de todos tamaños y perfiles se suman a la buena causa de fomentar el libro entre los niños.

En la Feria compartimos esta misión de sembrar pequeñas semillas que con el tiempo puedan germinar como grandes lectores. Pronto revelaremos nuestro programa de talleres, espectáculos, presentaciones y dinámicas para niños.

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